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miércoles, 19 de octubre de 2016

Revelan detalles de la denuncia de estafa contra la actriz Ruddy Rodríguez y sus socios


El portal web de noticias El Pitazo reveló varios detalles de la denuncia de estafa a la actriz y productora venezolana Ruddy Rodríguez por la película no concluida llamada “El vuelo del turpial”.

Por: Marjuli Matheus | El Pitazo

Conoce los detalles clave en el caso de presunta estafa de la que acusan a la actriz Ruddy Rodríguez y que involucra a sus socios Haik Gazarian y Edgard Meinhardt

Lo que comenzó en redes sociales como una denuncia de estafa por falta de pago ha destapado irregularidades más allá de las deudas con el personal que trabajó en la preproducción del largometraje El vuelo del turpial, film que producía la actriz venezolana Ruddy Rodríguez.

La película. El vuelo del turpial prometía ser una cinta que exaltaría las raíces indígenas venezolanas. El guion fue escrito por la actriz colombiana Valentina Rendón, esposa de Haik Gazarian. La producción contemplaba locaciones en tres países: Venezuela, República Dominicana y China. La preproducción en campo comenzó en agosto de 2015 con un viaje del equipo, conformado por unas 40 personas, a Los Ángeles, EEUU, para luego instalarse en República Dominicana en los estudios Pinewood.

Los socios. Ruddy Rodríguez figuraba como productora ejecutiva, Haik Gazarian como director y Edgard Meinhardt como director de finanzas (CFO, por sus siglas en inglés), conocido en el mundo del cine venezolano por un largometraje sobre la vida de Simón Bolívar, anunciado en 1993, que nunca se realizó. La empresa detrás de la actual superproducción es R92 Films. El personal administrativo, en su mayoría, eran familiares y allegados de la actriz y de Gazarian.

El despilfarro. R92 Films hizo una contratación millonaria con Pinewood Studios para recrear escenarios naturales de Canaima que podían ser peligrosos para un rodaje que contemplaba niños en el elenco. Sin embargo, los miembros del equipo señalaron que existen métodos tecnológicos mucho menos costos, como el croma, con el que esos escenarios se podían recrear en postproducción. Pese a todo el despliegue, no rodaron ni un solo milímetro de la cinta. Nunca hubo elenco. El vestuario se hizo sobre maniquíes. Jamás hubo ensayos, ni nada más allá de la conformación del equipo y una costosa preproducción.

La cancelación. En diciembre de 2015 los socios informaron al equipo que harían una pausa por asueto navideño y volverían a mediados de enero de 2016. Llegada la fecha, no se reanudó la producción. Más tarde les notificaron que por auditorías de los inversionistas debían parar hasta agosto de 2016 y terminaron sus contratos.

Las deudas. Tras las elecciones parlamentarias en Venezuela que ganó la oposición, parte del equipo de venezolanos indicaron que dejaron de recibir sus pagos. Luego vino el receso navideño y después la paralización. La mayoría de los integrantes del equipo que operaba en República Dominicana estuvo activa hasta mediados de enero, cuando les cancelaron el contrato, pero no la deuda por honorarios desde diciembre hasta enero.

La esperanza. En su afán por conseguir que los socios de la producción honraran sus deudas, los afectados esperaron en silencio durante meses, con la esperanza de que se reanudara el proyecto y se les cancelaran sus honorarios.

La denuncia. En octubre de 2016 varios de los afectados hicieron públicos sus reclamos por impago. En sus perfiles de Facebook compartieron detalles de las deudas y las promesas de pago incumplidas. Fue así como salieron a la luz pública tanto acusaciones de estafa como reclamos de pago.

Las promesas. Ruddy Rodríguez y sus asociados se comunicaron en varias oportunidades con los afectados asegurando que les pagarían. Un correo tras otro, ponían fechas de pago que hasta la fecha no han cumplido. Desde agosto de 2016, con el compromiso de pagar en septiembre, todos los socios desaparecieron y no respondieron más a los reclamos de pago.

El dinero. Ante la mezcla de tal derroche y deudas, surgió la pregunta sobre la procedencia de los fondos. Los consultados por El Pitazo respondieron que siempre se les habló de “inversionistas”, pero sin identidad de los financistas ni procedencia de los fondos. Algunos suponen “lavado de dinero”, corrupción o malversación, pero aseguraron que no tienen elementos para demostrarlo. Solo tuvieron un indicio de la identidad del inversionista cuando en enero, tras la paralización del rodaje, el abogado de la actriz les revelara que un reconocido empresario vinculado con el Gobierno venezolano era el que financiaba el proyecto.


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